Unilimpio ha fabricado y comercializado insumos de limpieza para el mercado ecuatoriano por más de 25 años. Sus servicios y productos son adquiridos por grandes cadenas de supermercados, restaurantes, clínicas y centros comerciales, y abarcan dos grandes líneas: químicos de limpieza, como desinfectantes, jabones y cloro; y absorbentes, como papel higiénico, servilletas y toallas de papel.  La empresa ha querido extender ese bienestar no solamente a sus clientes, sino también a sus trabajadores y a todos los miembros de la comunidad.  “Nuestra misión es el bienestar de las personas, a través de soluciones adecuadas de higiene”, explica Adriana Dicao, gerente de Talento Humano, quien lleva 13 años trabajando en Unilimpio e impulsando políticas de no discriminación. 

Respondiendo a la necesidad de construir una sociedad que permita la inclusión socioeconómica de mujeres refugiadas y migrantes, Unilimpio realiza contrataciones en función de las competencias que se buscan para cada vacante. “Para nosotros es muy importante contratar personas que cumplan un perfil –dice Adriana–, indistintamente de su nacionalidad, género o edad”. 

Consolidar ese proceso fue un esfuerzo que se trabajó en varios frentes. “No solamente requirió que estableciéramos esa política a nivel de la jefatura de Recursos Humanos –explica Emilio Filbig Carchi, gerente general–, sino que también requirió sensibilizar al equipo que ya estaba trabajando aquí”.

Emilio Filbig Carchi, gerente general de Unilimpio.

Como resultado, la empresa no solo ha incorporado personas en situación de movilidad humana a su fuerza laboral, sino que ahora cuenta con mujeres que se desempeñan como operarias de fábrica, algo que antes no se había dado. “La empresa ha sido muy flexible, ha ido evolucionando con el tiempo. Hasta hace algunos años, había el paradigma de que en la planta de producción solo debían trabajar hombres como operarios, porque se necesita fuerza y se tiene que operar máquinas, pero con el paso del tiempo esa creencia ha cambiado –dice Adriana–. Actualmente tenemos seis mujeres en la planta y casi todas las jefaturas son ocupadas por mujeres”. 

Carlos Calderón, venezolano de 36 años, es operario de producción desde hace tres años en Unilimpio. Se encontraba estudiando ingeniería industrial en su país y manejaba un mototaxi cuando la crisis generalizada hizo que ya no pudiera solventar los gastos de su hogar. Por eso, interrumpió sus estudios y vino a Ecuador. “Mi esposa quedó embarazada y era muy difícil estar allá. Siempre me ha gustado tener una buena calidad de vida y trabajar duro para que a mis hijos no les falte nada –cuenta–. En Venezuela tenía que trabajar dos semanas para poder comprar un solo paquete de pañales… Por eso vendí mi moto y me vine”. Además del bebé en camino, Carlos tiene dos hijas adolescentes de su primer matrimonio, para quienes también quería asegurar un futuro que sería precario si permanecía en su país.

Su primer trabajo en Quito fue en una empresa de catering, la cual brindaba sus servicios a Unilimpio. “Nosotros le traíamos la comida a la empresa. Estuve ocho meses ahí, pero cuando me entregaron mi visa metí la hoja de vida aquí”

Las tareas que Carlos realiza como operario de producción siempre varían. A veces está a cargo de la máquina para sellar el papel higiénico, otras veces debe lijarlo o empacarlo. Otras, se encarga del etiquetado o trabaja en el área de envasado. “La empresa tiene una dinámica en la que los operarios siempre están rotando –dice Carlos–. Te cambian de puesto de absorbentes a químicos, una semana vas a una máquina y la siguiente a otra. Así es mejor, porque uno aprende más”.

Carlos Calderón y Adriana Dicao.

El aprendizaje es un aspecto al que la compañía dedica mucha atención. A través de la plataforma virtual Universidad Unilimpio se puede acceder a capacitaciones en temas como ventas y salud ocupacional y, lo más importante, las personas que trabajan en limpieza –y que aprueban el respectivo programa de formación– pueden obtener una certificación como técnicos en ese campo. “Unilimpio es una empresa que te da la oportunidad de desarrollo y de crecimiento. Damos la facilidad para que todos quienes tienen este tipo de trabajo puedan hacer diferentes cursos y se puedan certificar –dice Adriana–. La utilización correcta de un desinfectante puede hacer una gran diferencia, y nosotros te damos los conocimientos técnicos para que lo puedas hacer”.

Trabajar en Unilimpio, y tener la posibilidad de construir una carrera allí, es la razón por la que Carlos decidió permanecer en Ecuador. “Lo mejor de trabajar en la empresa son los beneficios. Siempre te pagan al día, te dan productos, te dan los décimos y las utilidades puntualmente. Me gusta mucho trabajar aquí. La empresa me ha ayudado muchísimo”. 

El gerente de Unilimpio explica que buscan brindar un acompañamiento integral a su personal, el mismo que va más allá del cumplimiento puntual de las obligaciones salariales. “Los ayudamos no solamente a conocer las reglas de trabajo, sino a que puedan cumplirlas. Damos capacitaciones de técnicas de trabajo, comunicación, salud, seguridad laboral y cuidado del medioambiente. Tratamos de enfrentar temas como la violencia dentro del hogar, temas que pueden afectar tanto a ecuatorianos como a personas que vienen de afuera, solo que no se habla de ellos –concluye Emilio–. Tratamos de hacer que las personas que trabajan aquí, incluidas aquellas que han tenido que salir de sus países, se sientan en equilibrio. Y no solamente con la tranquilidad de tener un trabajo, sino teniendo una vida sana en todo sentido”.