Hailen Solano es venezolana y vive en San Antonio de Ibarra, localidad que se extiende a los pies del volcán Imbabura, y tiene una tienda de abarrotes que funciona en una casa esquinera arrendada, donde vive con su abuela y sus dos hijas. 

Poco después de llegar a Ecuador, en 2018, Hailen tomó una resolución que aún mantiene: crear su propio emprendimiento, lo que le permite trabajar desde casa y pasar más tiempo junto a su familia. “Anteriormente, trabajaba de 12 a 14 horas en la calle y no podía ver a mis hijas ni a mi abuela. Era realmente duro dejarlas solas –cuenta esta mujer de 33 años–. A raíz de la muerte de mi mamá, decidí trabajar en mi casa sea como fuera. Comencé con tareas dirigidas, vendiendo empanadas y patacones, y poco a poco fue creciendo mi negocio”.

Como parte del programa Fudela Mentoring, Hailen ha recibido orientación para sostener y expandir su emprendimiento desde mayo de 2021. La iniciativa es impulsada por Fundación de las Américas, socio de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), y reúne a expertos del ámbito empresarial ecuatoriano, quienes dan mentorías a más de sesenta emprendedores, muchos de los cuales son personas en situación de movilidad humana. La finalidad es intercambiar experiencias y fortalecer las capacidades, tanto humanas como técnicas. 

Fudela Mentoring cuenta con la participación de varias empresas ecuatorianas, entre ellas, SNOB.  Johanna Narváez  es coordinadora gerencial y encargada de ventas a nivel nacional de alimentos procesados de esa marca. Fue parte del equipo de mentores de la empresa y acompañó durante siete meses a Hailen a través de sesiones virtuales mensuales. Desde que ingresó a la empresa que su padre fundó hace cuarenta años, Johanna ha buscado involucrar a la compañía en proyectos en los que pueda aportar desde su formación de docente y psicóloga. Es así que, junto al equipo de marketing, ventas y trabajo social, hizo contacto con Fudela y se concretó la alianza. Ahora, SNOB no solo es parte de las mentorías, sino que sus colaboradores tienen acceso a los cursos y talleres que la fundación ofrece. “Era como un canje de conocimientos –dice Johanna– y me pareció muy interesante la propuesta”. 

 

Con ayuda de las capacitaciones recibidas mediante Fudela Mentoring, Hailen pudo comprar un enfriador de helados para su tienda y también ofrece comidas preparadas. Del mismo modo, Hailen ha brindado su local a emprendedores, que no cuentan con un espacio propio, para la comercialización de sus productos: una relación de ganar-ganar. 

Además, las sesiones se convirtieron en un espacio de apoyo emocional y personal. “Creo que todos los que recibimos mentorías, prestamos realmente atención y deseamos mejorar. Nuestra autoestima mejora y eso nos impulsa. Johanna siempre se ha encargado de llenarle a una de esperanza, de hacerle saber que todo va a mejorar si se lo propone –cuenta Hailen–. Ella me ha dado la calma de saber que, si un mes no se vende algo, se vende otra cosa; que el próximo mes puedo sacar un nuevo producto o una nueva oferta”.

Hailen y Johanna, durante la visita técnica a la planta de SNOB.

El aprendizaje ha sido mutuo. Consejeros y aconsejados se han nutrido de las experiencias de todos los participantes y han podido aplicarlas a su visión de negocio y vida personal. “Hailen nos comentaba todas sus actividades e íbamos guiándole y dándole ideas para ampliar su negocio –dice Johanna–. Yo también me enriquecí mucho con sus ideas, con cómo tenía clarísimo el panorama para poder vender. Hay cosas que ella decía y que yo las comentaba a mi fuerza de ventas. Es una persona con mucha capacidad y muy trabajadora”. 

La meta de Hailen es que su emprendimiento crezca. Quiere tener más productos en venta y artículos de papelería. Uno de sus objetivos es que la tienda sea reconocida por no ser una tienda común. “Tengo escuelas cercanas y sé que eso me ayuda –dice–. Tengo la ventaja de que la atención es con amor”.

Carolina Recalde, coordinadora de alianzas de Fudela, describe la dinámica generada como un círculo de confianza, donde las partes han llegado a entablar una amistad. “Muchas personas viven solas o no tienen alguien con quien compartir lo que sienten, lo que piensan o cómo les está yendo. Para los mentores ha resultado súper enriquecedor conocer las historias de sus mentorados en situación de movilidad humana. Ha ayudado a que ellos, de alguna manera, cambien el chip y estén dispuestos a seguirles ofreciendo ayuda incluso en otros espacios”.

Para Hailen, tener su propio emprendimiento y verlo crecer ha significado también un cambio en su vida, ya que su abuela e hijas pueden ayudarla en las tareas diarias y así permanecen juntas. “Ellas son mi pilar, mis colaboradoras, somos un equipo –dice–. El logro más grande que he tenido es poder estar con mi familia”. 

En diciembre de 2021 concluye la primera edición de Fudela Mentoring y la organización ya está planificando una segunda para 2022. “Nuestros talleres son algo más masivos y las personas aprenden allí del facilitador, pero no hay este enfoque tan cercano, que sí se da con un mentor o mentora “dice Recalde–. Por eso decidimos darle fuerza a las mentorías. Nuestro propósito es transformar vidas”.